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martes, 6 de julio de 2010

Necesitamos obreros. Mt 9,32-38

Necesitamos, Señor, obreros para tu mies. Cada día hay menos jóvenes respondiendo el llamado del sacerdocio. Muchos "católicos" no creen en que sea una vocación a considerar y creen erróneamente que todos sus hijos deben casarse. Olvidan que fuiste tú mismo, quien habló de que hay quienes se reservan para un amor más alto, que amor más alto que el de entregarse en cuerpo y alma a construir el reino de Dios, sirviendo a sus hermanos en todo momento. Los sacerdotes luchan al igual que nosotros con problemas de dinero, enfermedades pero el peor mal para ellos, a mi juicio, es la soledad porque muchos los "endiosamos" y los apartamos de nuestra amistad porque vemos en ellos a una figura de autoridad más que a un hombre con necesidades de cariño y comprensión. Y si se equivocan en algo, de inmediato son crucificados como si no tuvieran derecho a meter la pata! Muchos los recordamos sólo cuando queremos confesarnos, bautizar o que vaya a orar por un enfermo...
Por cada sacerdote "malo" que existe hay miles que se entregan cada día al servicio de su comunidad, yo veo muchos santos a mi alrededor y por eso no permito que juzguen a todos por unos cuantos hijos de Judas (u olvidan que quien entegó a Jesús fue uno de sus apostoles, pero SOLO UNO). Si no fuera por sacerdotes como el P. Emiliano Tardiff o el P. Esquivel mi vida de fe no sería ni la sombra de lo que es hoy, ha sido su obra inspirada por el Espíritu Santo la que ha marcado mi vida y me han enseñado mucho de lo que sé hoy para poder vivir en congruencia cristiana, podrán tener sus errores humanos, pero el Señor los ha trascendido y ha purificado sus ministerios mejorando la calidad de vida de miles de personas que andabamos como ovejas sin pastor.
Debemos seguir promoviendo las vocaciones sacerdotales porque vale la pena hacerlo, porque es un mandato del Señor del que todos nos beneficiaremos.
Manda, Padre Amado, más obreros a tu mies...

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