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viernes, 12 de agosto de 2011

""No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don." Mt 19,3-12

Jesús habla a los fariseos de las vocaciones del hombre: el matrimonio y la consagración al Señor. Uno y otro son dones del cielo que cada persona debe descubrir cuál le corresponde. El matrimonio es para toda la vida, esa es la voluntad de Dios y debemos trabajar para esto desde el noviazgo, la mayoría de los divorcios ocurren porque durante el tiempo que debe estar dedicado a discernir si podremos soportar todos los defectos de la persona que amamos, nos ponemos un velo y dejamos pasar muchas cosas para darnos cuenta cuando ya hemos hecho nuestros votos de que no podemos soportar las mañas del otro; también pasa porque no queremos ceder ante nada, queremos tener siempre la razón y no tratamos de ponernos en los zapatos de nuestro cónyuge, el egoísmo está tan arraigado en nuestros corazones que no somos capaces de hacer sacrificios por el amado.
La vida consagrada es otro tanto, para conservarla libre de impureza también es necesario permanecer en constante compañía del amado, que en este caso es siempre Jesús, para que su amor les inunde y no se desvíen. Lamentablemente hay hombres y mujeres que toman los hábitos no por amor a Jesús sino para escapar de su vida, de amores frustrados, de inclinaciones pervertidas y de la miseria e ignorancia. Luego vemos los titulares con noticias horrorosas porque realmente no podían con ese don. Pero eso no significa que haya que quitar la castidad ni nada por el estilo, simplemente mayor precaución al elegir a los que están en vías de hacer votos definitivos.
Hoy, nuestra iglesia necesita personas consagradas a su matrimonio y a la vida religiosa con todo el amor que Cristo tiene por su Iglesia, porque es la única manera que tenemos para cambiar esta sociedad, en la medida que el Espíritu Santo llene nuestras vidas con amor, respeto y fidelidad por el camino que decidimos seguir, podremos predicar el evangelio con nuestro ejemplo para la gloria del Padre.

"Señor, que los jóvenes de hoy puedan discernir su vocación con claridad para que no haya confusiones ni frustraciones en sus vidas, permite que elijan en libertad y alegría comprometiéndose realmente en el camino que decidan seguir. A nosotros, los que ya estamos casados y consagrados dános la gracia de permanecer fieles a nuestra vida y hacer todo por amor a ti."

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